El monje que colgó su corbata

El monje que colgó su corbata

Hace ya tiempo que leí, y releí, la historia de Robin Sharma: “El monje que vendió su Ferrari “.

Si no la has leído,  te aconsejo que lo hagas: es de esos libros amenos que enseguida te atrapan y que, poco a poco, hacen que reflexiones sobre diversos aspectos de tu vida.

Bueno, pues quiero tomar prestada la idea y adaptarla a un caso particular.

Se trata de una persona que, a diferencia del protagonista del libro de Robin, no es un abogado, sino un responsable comercial.

No tiene un Ferrari, aunque si está rodeado de ciertos lujos, de ciertas comodidades que, si bien es cierto que, en su momento, eran una razón para justificar su lucha por el cargo, poco a poco, la importancia de esos elementos se fue difuminando.

Mes tras mes, la calidad de los trajes no podían ocultar la inquietud que, en el interior del cuerpo que albergaban, brotaba como un manantial y que, por muchos esfuerzos que el dueño, de aquella camisa cuyos puños se cerraban con unos flamantes gemelos de una prestigiosa marca, realizaba para mantenerla callada, poco a poco, iba ganando terreno en su mente.

Tal es así que, como si de una grave enfermedad se tratase, su mente iba siendo invadida por un nuevo virus, por unas nuevas sensaciones … por nuevas formas de pensar.

En ocasiones, se dejaba llevar por los síntomas de este nuevo virus y aceptaba el acudir a ciertos lugares y eventos donde, hasta entonces, entendía que no eran afín a su forma de ser “trajeada”.

Quizás aceptaba estas consecuencias del virus con el ánimo de entender lo que le sucedía y, por consiguiente, controlar o frenar en seco la enfermedad.

Primer evento al que acudía: una ponencia sobre marca personal … y la daba él !!!

Aunque estaba muy acostumbrado a hablar en público, dado su trabajo en un campo que tanto le apasionaba como el comercial, nuevas sensaciones le invadieron al terminar su ponencia: el agradecimiento que recibió de otras personas por haberles aportado algo muy distinto hizo que, en su interior, notase un “calor” especial.

“Quizás sea el virus” – pensó antes de meterse en su coche camino, nuevamente, de su oficina.

 Como no observó ningún elemento que controlar, y en consecuencia, ninguna manera de curarse, aceptó nuevas propuestas.

La enfermedad se hizo fuerte cuando, tras acudir a varios eventos y charlas, el calor interior era cada vez mas y mas potente.

Su cabeza empezaba a jugar con pensamientos que, hasta entonces, se reservaban para momentos de locura transitoria.

Con el pasar de los meses, la mejoría brillaba por su ausencia. No sólo acudía a eventos, sino que, por si fuera poco, se había implicado en varios proyectos junto a otro “enfermos” … ¿ podría ser que esa desconocida enfermedad tuviese algún efecto secundario como el de, no sólo reconocer sino, juntarse con otros enfermos ?

En su mente había crecido la batalla entre dos partes: la “enferma” y la “sana”.

Ésta última no entendía porque se había decidido, sin contar con su opinión, el seguir los pasos que dictaminaba la parte “enferma”.

Es más, había empezado a protestar y enviar sentencias como “Tú no eres así …”, “Tú eres un ejecutivo de cuentas …”, “¿ Qué necesidad tienes de estar haciendo ésto ?”, “Te estás jugando mucho .. “, …

Mes tras mes, los enfrentamientos se recrudecían hasta limites muy altos.

Al igual que el personaje principal del libro de Robin Sharma, nuestro protagonista se vio enfrentado, cara a cara, con dos acontecimientos que cambiarían el rumbo de la historia.

Tras lo que él mismo considera un “aviso” de la vida, su mente empezó a plantearse muy seriamente la coherencia entre sus acciones diarias y sus deseos.

A ésto le sumamos otro gran acontecimiento que le mostró vivencialmente lo que, el fondo se su corazón, deseaba con tanto impetú: durante una semana tuvo la oportunidad de sumergirse de pleno en un evento donde exploró aquel lado “enfermo” … sus causas, sus razones, las consecuencias en el caso de aceptarlo como “bueno”, etc …

Tras esos dos sucesos, el invertir el proceso de invasión de su mente era algo inviable.

No sólo no se podía recuperar la parte enferma, sino que ésta crecía día a día.

El calor, que sólo sentía cuando participaba en eventos, empezó a sentirse en días normales.

Y llegó un día donde, cansado de la guerra interna que se desarrollaba en su interior ….  tomó la decisión que, por otro lado, era casi inevitable.

Nuestro protagonista aceptó con los brazos abiertos las consecuencias de la “enfermedad” las cuales se caracterizaban por una gran ilusión, una desbordante energía y una incontrolable  inquietud por luchar por sus sueños mas profundos y que tanto tiempo habían estado escondidos.

Decidió dejar todo aquello que había conseguido durante muchos años y adentrarse de lleno en un mundo que, a la par de ilusionante, es desconocido.

Trajes, prestigio, coches, viajes, cenas en grandes restaurantes, reuniones con grandes empresarios, …. todo se quedó apartado para concentrarse en personas, desarrollo y crecimiento.

¿Que sucedió a continuación?

Pues, si te parece bien, te lo hiré contando, o lo irás viendo, a medida que ocurran los acontecimientos dado que, el protagonista de esta historia … soy YO MISMO.

Después de muchos años donde he dedicado cuerpo y alma al mundo comercial, mi lado “enfermo” ha vencido y, por ello, “acabo de colgar mi corbata” ( como Ferrari no tengo, pues cuelgo la corbata ).

¿Qué he aprendido?: Muchismas cosas, sin duda alguna. Y sobretodo lo que es mas importante para mi: que detrás de una empresa ( pequeña o grande ), detrás de un puesto de responsabilidad ( con o sin equipo a su cargo ), detrás …. hay una persona. Una persona con sentimientos, con emociones, con inquietudes.

Algo que parece tan evidente no lo es tanto cuando escuchas sentencias como “La compañía ha decidido …”, “La Dirección traslada que … “, etc …

Y es ahí donde estoy totalmente seguro que reside el secreto que tanto estaba buscando durante estos años: hasta ahora entendía que, desde el mundo de las ventas, podía ayudar a las personas a conseguir que se realizasen sus proyectos. Ahora sé que desarrollando a esa persona, contribuyendo a incrementar su potencial al máximo … solo así, sus sueños se harán realidad.

¿De qué me han servido todos estos años?: después de 17 años dedicados íntegramente al mundo comercial, estoy muy orgulloso de haber conocido tanta gente que, cada uno en su medida, me han aportado conocimiento, ilusión y, aunque parezca mentira, emociones ( si, en las ventas también se tratan emociones!! ).

¿Estoy loco?: posiblemente. A ver quien le hace entender a mi madre las razones por las que su hijo, con un cargo en una empresa nacional, con su buen sueldo y su prestigio a lomos … lo deja TODO, por dedicarse a hacer brillar a otras personas.

A ver quien le explica a esa gran señora, que lo ha dado todo por sus hijos, que su primogénito deja la zona de seguridad para adentrarse de lleno en una zona, quizás desconocida,  …. y en los tiempos que corren !!!!

¿Ésto es una declaración de intenciones?: ABSOLUTAMENTE. Mi compromiso va mas allá de una simple, aunque muy meditada, decisión.

Mi compromiso está dividido en dos partes: en el adquirido conmigo mismo, por el cual haré todo lo que esté en mi mano para ser mi mejor versión como profesional ( me seguiré formando, desarrollando y especializando ), y el adquirido con las personas, de cara a aportarles oportunidades de crecimiento y desarrollo.

Desde estas humildes líneas, quiero agradecer a tod@s mis compañer@s de proyectos anteriores las grandes dosis de crecimiento que me han aportado. Sin duda alguna, seguirán en mi corazón.

Pero, por otro lado, ha llegado el momento en que quiero iniciar un sueño: el contribuir genuinamente al desarrollo de las personas.

Quizás sea un loco pero, como dice una frase que suelo repetir, “el mundo es de los atrevidos y de los locos”.

Me voy a colgar la corbata …

Un abrazo,

Felipe

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