¿Cuanta alegría sientes por lo que haces día a día?

¿Cuanta alegría sientes por lo que haces día a día?

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El martes sucedió algo que me hizo reflexionar.

Eran poco mas de las 8:30 de la mañana. Camino para la oficina, despues de haber dejado en su trabajo a Laura, me voy fijando en las personas caminan por la calle. Me encanta observar las personas cuando van caminando por la calle o cuando, te quedas parado en un semaforo dentro de tu coche miras por el retrovisor a la persona que conduce el coche de atrás.

Son esos momentos en los que todos estamos seguros y no nos sentimos observados.

Son esos momentos en lo que no tenemos que disimular y realmente aflora nuestro estado de ánimo real.

Muchos son los que, mientras espera a que el semaforo se ponga en verde, e inmersos en sus pensamientos, tienen una cara mas bien triste. Quizas preocupados con sus rutinas diarias, nos dejamos invadir por la que, hasta este momento, ha sido tambien nuestra rutina de ánimo.

A pocos metros de la oficina, reduzco la velocidad.

Alli, casi en la esquina se encuentra la puerta. Una puerta de metal. Gris oscura y sin demasiados detalles.

Está abierta dejando entrever una nueva puerta, ésta de cristal, donde, tras ella, se vislumbran sombras. Mas bien de pequeña estatura y de agiles movimientos. De repente, percibo como se acercan varios niños. No tienen mas de 5 o 6 añitos. Con sus diminutas mochilas de Winnie The Pooh y Ben10, dan grandes zancajas y, de salto en salto, logran alcanzar el umbral de la puerta.

Casi sin dar tiempo a su mamá que se despide desde la puerta, entran a gran velocidad al edificio donde, del otro lado les esperan otros niños y niñas.

Al encontrarse unos con los otros se dibujan una grandes sonrisas. Entre saltos y risas entran a la que, durante unas horas, será su “rutina” diaria.

La alegria es algo común entre los que siguen entrando en la escuela.

Sigo mi camino pensando en lo autentico y genuino que es ese sentimiento. Mientras, sin casi darme cuenta, estoy delante de la puerta del parking del trabajo. Mientras se abre, varias personas entran en el portal que está al lado.

Que diferencia !!!

En esta ocasión, los saltos y grandes zancadas, son sustituidas por pies casi arrastrandose y miradas al suelo.

La alegria … brilla por su ausencia. Bostezos y resoplidos al mirar el reloj es la tónica general.

¿ Realmente ésto es lo que queremos para toda la vida laboral ?

Si la persona adulta es la evolución natural de ese niño que entraba en el colegio, ¿ qué ha pasado con esa alegría ?

¿ Qué ha pasado con esas ganas de entrar en tu “rutina” ?

¿ Donde se ha quedado las ganas de ver a los compañeros con los que nos pasamos la mayoria del tiempo ?

No sé si te gustará la respuesta que sale de tu mente, pero si decides escucharla y no dejarla debajo de mil explicaciones y excusas que te “defienden” de afrontar la realidad, puede que encuentres el origen de esa pérdida y, a partir de ahí, podrás tomar conciencia de lo que sucede en tu realidad y caminar hacia una situación mejor.

¿ Te atreves ?

Un abrazo,

Felipe García

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